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lunes, 5 de octubre de 2015

Paloma Herrera



 Bella e impresionante interpretación de PALOMA en verdad parece una paloma ,una pluma que flota ,y todo lo que hace parece ser tan fácil ,pero lo que más me encantó son sus "yetés" bravo , bravísimo y que sigan los éxitos.
ADELA MENDO F.


DOMINGO 04 DE OCTUBRE DE 2015



En el camarín del Teatro Colón, del que se despedirá a partir del próximo domingo con Romeo y Julieta, el tiempo de la nostalgia aún no llegó. Y conociendo a Paloma Herrera uno podría estar seguro de que no existirá una dramática hora del adiós. Pasó más de un año desde que, muy resuelta, un día de mayo de 2014 envió a su lista de contactos un mail con el asunto "Big news!!" para anunciar su retiro, desde la cima del American Ballet. Este lapso -y sobre todo aquellas primeras funciones posteriores con el ABT, la compañía de Nueva York donde batió todos los records- fue clave para que no sean traumáticos estos días en los que va llegando a su fin un recorrido verdaderamente excepcional.
"Quiero tiempo, tiempo, tiempo". Repite. Está ahí de tenerlo. De dar el último paso. De cambiar de vida.
Foto:LA NACION/Santiago Filipuzzi
-Nunca te fuiste del todo, pero ahora estás de vuelta.
-¿Adónde vas a vivir?
-Estoy por comprar un departamento. Soy bicho de ciudad, por eso adoré Nueva York. Me gusta Palermo. Como no manejo, es buena idea estar en el centro de todo.
-¿No sabés o no te gusta manejar?
-Nunca se dio. En Manhattan no lo necesitás; a veces cuando íbamos de gira a otras ciudades pensaba en hacerlo. Pero nunca tuve tiempo.
-Ahora Nueva York va a ser tu sucursal, conservarás tu departamento con vista al Lincoln Center y viajarás allá en plan maestra.
-Va a ser así, exactamente al revés que antes. Mis dos pies siguen igual, pero mi casa, mi base, va a estar acá. Y mi agenda de master classes, allá.
-¿Te tenés que reconvertir o el rol docente sale naturalmente?
-Es muy natural. Si me preguntaran si voy a hacer coreografías diría que no; tenés que tener ese talento, nacer para eso. A mí me encanta la docencia. Los últimos años me abrió mucho la cabeza, inclusive en mi propia danza. Y también me hizo tomar conciencia de que estaba súper preparada para dejar de bailar. Dar clases y vivir un poco. No necesito estar bailando, lo que necesito es el arte.
-Hace un año imaginábamos este momento y te entusiasmaba despedirte con tu primer Onegin... Finalmente será Romeo y Julieta.
-Bueno, también pasó en 2014 que iba a ser Romeo y Julieta y terminó siendo Giselle. La verdad es que esas funciones no pudieron ser mejores. Otra vez: trato de sacar lo positivo. Lo más fácil hubiera sido enojarme, plantear que no era lo que me habían dicho. ¿Uno qué puede hacer con la situación? Yo no me engancho.
-Con tu última función en el ABT pasó algo parecido.
-Pasa exactamente lo mismo en todos lugares, porque son mis ideales. Allá dije okey, pruebo con la versión que me proponen de Bella durmiente, un estreno de Alexei Ratmansky, una superproducción en la que la compañía tenía puestas todas las fichas. Y cuando la hice mi ética hizo que dijera que no era la obra con la que me quería despedir. Fue una gran experiencia, nos matamos de risa en lo ensayos con esos trajes enormes, puntas super toscas, muy al 1800 todo. Pero yo no quería ese experimento old fashion para mi despedida del ABT. "Paloma, está todo hecho", me decían. No importa. Prefiero irme con una obra de la que me sienta parte. Y fue Giselle. Ésta es mi forma de ser. No es perfecta. Mi vida no fue perfecta y es la más maravillosa que podría haber tenido. ¿Me hubiera convenido retirarme con la mega producción? Tal vez.
-¿Cómo te sienta la versión de Romeo y Julieta de Maximiliano Guerra que vas a hacer ahora?
-Es muy parecida a la que tengo en mi cuerpo, la de MacMillan. Me consultaron el cambio y me pareció bien. No necesito una función para despedirme. Tuve un 2014 intenso, me retiré con tiempo y ahora voy haciendo lo que más quiero. Como una yapa. Me gusta sobre todo que él [Guerra] va a estar acá, es el director y lo podemos trabajar juntos. Yo nunca tengo problemas: vengo, hago mi trabajo y me voy. Sólo me interesa que las cosas salgan bien.
-El "me voy" ya no está tan claro.
-Vengo, trabajo y... me voy a casa.
-De todas esas mujeres que fuiste, Giselle, Odette, Kitri... ¿a cuál vas a extrañar más?
-En una master class, hace poco, estaba enseñando la variación de Kitri, y fue muy loco volver a escuchar la música y enseñar: "Mirá, yo esto lo hacía así, pero puede ser también de esta manera". Creo que me despedí con Kitri. Don Quijote fue el primer ballet completo que hice después del anuncio y me quedé semanas llorando. Fue mi momento de cierre.
-Mirás atrás 25 años y ves tres momentos fuertes como ése...
-No puedo elegir. ¡Estoy tan agradecida con la vida! La carrera es corta, mi decisión fue vivirla intensamente. No tengo pendientes.
-Otra vez: mirás 25 años y ves tres personas clave.
-Mis papás son lo más de mi vida. Me han amado inmensamente, me dieron libertad, los admiro muchísimo por la responsabilidad que significó tener una hija tan diferente del común. A los 15 años, sola en Nueva York, podría haber hecho cualquier cosa. Tuvieron mucha confianza en mí y yo en ellos. Mi maestra Olga Ferri, una persona que me marcó a fuego. Y, después, Irina Kolpakova. Mis dos maestras, tan diferentes: con Olga, todo muy intenso, muy dura si se quiere, e Irina, todo lo contrario.
-¿Tres logros?
-Haber entrado en el American Ballet fue como tocar el cielo con las manos, la compañía en la que siempre quise estar, adonde me quedé y la que me hizo feliz. De lo que más orgullosa estoy es de haber hecho una carrera en base a mi ética. De lo que soy. Bueno, malo. Es lo que hay. Nunca quise más, ni menos. En esta época en la que todo el mundo quiere ser celebrity, que lo quieran, que le gustes, hasta qué punto uno llega a un lugar por el talento o por lo que hay alrededor: manager, publicidad, marketing. Yo nunca tuve ese entorno. Empecé y termine mi carrera solamente con lo que soy. Nada extra. Ni arreglos, ni codazos, ni presiones. Me pone muy orgullosa poder dar ese ejemplo.
-Viene un capítulo más personal, ¿qué hay en ese capítulo?
-Tiempo, tiempo, tiempo. Mi departamento de Nueva York no fue mi hogar: siempre estuve a las corridas, me fui hace un mes y ni me di cuenta. Cerré la puerta volando, porque perdía el avión, y después dije: Paloma, te fuiste de tu casa y ni siquiera la miraste antes de cerrar la puerta. Quiero estar tranquila. Disfrutar, salir, tomar cafecito, charlar de la vida, ir al teatro, a un concierto. Dar más clases. Hay otros proyectos que me interesan.
-Tu marca de indumentaria. ¿Es mito o realidad que tuviste un juicio con Carolina Herrera?
-Es cierto. Quise registrar mi marca hace tiempo porque sabía que iba a hacer algo. Papá, siendo abogado, me recomendó que lo hiciera, y cuando fuimos a patentarla salió el juicio. Lo ganamos. Mi marca está registrada, pero no tuve tiempo para usarla.
-¿Una línea de ropa urbana y para la danza, como lo que es Stella McCartney al deporte?
-Exacto.
-¿Cómo está tu cuerpo hoy?
-Fantástico.
-¿Y tu espíritu?
-Muy bien. Gracias.
-Felicitaciones.



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